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AQUÍ PODRÉIS LEER FRAGMENTOS DE MI OBRAS EN ALGUNOS CASOS SON EL COMIENZO DE LAS MISMAS O TEXTOS ELEGIDOS DE ELLAS.

ESPERO QUE LOS DISFRUTÉIS.

  • Siempre había sido un escéptico, pero lo que sentía era real y debía dejarse vencer por lo que veía. La puerta del armario de su habitación se estaba abriendo sola y aun siendo verano y haber pasado un día de 30 grados, de pronto en aquella habitación hacía mucho frío. Tanto que el joven Robert de 19 años y jefe del equipo de Rugby temblaba no sólo por el miedo que sentía sino también por aquél ambiente helador. Con cada respiración el vaho sale de su boca. Está inmóvil, sentado en la cama con la sábana hasta su cuello. La puerta se sigue abriendo y se escucha una respiración sofocada de una bestia. Su porte de atleta y sus ojos verdes de los que tanto presumía se derrumban ante la puerta que se habré finalmente del todo. El chico no puede ni hablar del miedo, quiere pedir socorro pero le falla la voz. Intenta dar la luz de la mesita de noche pero está no responde.
  • -Dios mio, Dios mio, Dios mio. No, por favor, déjame, déjame. –el joven se puso en pie en la cama apoyándose contra la pared cuando una sombra negra que flota en el aire se le va acercando.
  • Se arma de valor, ese que nos sale cuando nuestra vida está en peligro de verdad y salta de la cama e intenta correr hasta la puerta del cuarto. Tropieza con una caja de un vídeo juego pero se levanta enseguida y toca el pomo de la puerta,pero esta no se abre. Se gira y busca la sombra. Por un instante no la ve y observa su teléfono móvil sobre el escritorio. Corre a por él presiona un botón de remarcación rápida. Escucha los tonos. “Vamos, vamos”, se dice ansioso por oír la voz al otro lado pero tras de él reaparece aquella siniestra silueta y él nota de nuevo ese frío helador. La sombra lo agarra con una espectral mano sombrienta y él siente q se le va el alma. Su cuerpo se va volviendo más y más pálido y viejo. Al final un cuerpo completamente irreconocible cae muerto al suelo y de aquella llamada se escucha una voz de una joven mientras él yace inerte:
  • -¿Robert? ¿Eres tú? Ya sabes que lo hemos dejado y no quiero saber nada de ti. Eres un cerdo. ¿Me estás oyendo? ¿Robert? ¿Robert?...si es una broma no tiene gracia.
  • 10:54 de la mañana.
  • Los del IEC (investigadores de la escena del crimen) están en la escena del brutal asesinato pero el caso es muy extraño y no saben por donde empezar. No había sido un suicido, no había un motivo para que aquél joven de brillante carrera universitaria, de padres que lo querían y de tener de todo en la vida hubiese tenido un motivo para ello,si huellas,tan sólo indicios de que el joven hubiese intentado salir de la habitación y tropezase con aquella caja de vídeo juego. Había roto con su novia hacía dos días y la última llamada realizada fue a ella. Pero al llamarla ella misma se mostró muy afectada y reafirmó aun más que Robert era un joven que se apreciaba mucho así mismo, un poco egocéntrico y narcisista. Tampoco tenía enemigos. Lo extraño era su cuerpo en sí. Pálido como un folio blanco y su piel envejecida prematuramente, parecía un anciano. No, nada tenía sentido. El cuerpo rebelaría algún tipo de sustancia quizás que hubiese podido causar tan anomalía pero aun con eso, todo era, extraño.
  • En el salón de la lujosa casa de tres pisos se encontraban los padres destrozados por la situación.
  • -Buenos días señor y señora Davis, sé que no es el momento pero si desean que la muerte de su hijo sea resuelta necesitamos hacerles unas preguntas.
  • La detective Sarah Evans era una mujer joven pero brillante. A sus 33 años poseía un currículum increíble. Matrículas de honor en el colegio, en el instituto, la primera de su promoción en la universidad en psicología, diplomada después en criminología y siendo policía logró en muy poco tiempo ser detective y jefa del departamento de homicidios. Su especialidad eran los casos extraños. Aquellos acaecidos en circunstancias que los hacían pasar a no resueltos por falta de pruebas. Su alto coeficiente intelectual y su precioso físico la hacían una mujer digna de rivalizar con más de un machista del cuerpo, quienes viendo su profesionalidad la respetaban mucho.
  • Luego su fiel compañero. El veterano Roy Orton. Un hombre que ya rozaba los 60 años. Pero de una fuerte constitución. Era un gran sabueso. Tenía un agudo sentido para presentir cosas y deducir algunas con una exactitud increíbles.
  • -Dígannos ¿tenía su hijo algún enemigo? ¿personas que hubiesen querido acabar con su vida? ¿drogas?
  • La señora Davis miró a la detective con enfado y sus ojos llorosos.
  • -¿Qué preguntas son esas? Desde luego que no. Mi Robert era un chico encantador. Seguro de sí mismo y muy apreciado por sus amigos. Y créame cuando la digo que hubiese sabido si mi hijo estuviese en algo raro aunque suene prepotente.
  • -Discúlpeme. Tan sólo son preguntas necesarias para poder empezar la investigación. El cuerpo de su hijo se encontraba envejecido y pálido, de hay si tomaba alguna sustancia que pudiese haber creado tan anomalía.
  • Su padre se levantó del sofá. Entendemos pero créanos, no sabemos nada sobre sus preguntas. Ahora por favor déjennos. Al menos el día de hoy no es para estos temas.
  • -Lo entendemos. - dice la joven detective mirando a su compañero y con un gesto de afirmación abandonan el salón pero antes dejando su tarjeta y con la típica frase de "si saben algo o tienen alguna cosa que recuerden llámennos".
  • -Creo que los padres quedan lejos de lo ocurrido hoy. Mejor ir al forense y ver que descubre él. -dice Roy abriendo la puerta del coche.
  • -Tienes razón. Lo que mató a ese chico dudo que fuesen las drogas. -dijo ella y ambos montaron en el coche.

COMIENZO DE MI FUTURA OBRA, "YO".

 

 

Hola.


Obviamente tu no me conoces ni yo a ti tampoco, pero estás leyendo esto gracias a mi.
Sé que dirás que estoy loco pero esta historia increíble que he de escribir antes de tomar la decisión para que tu la puedas leer,te incumbe.
Me llamo Yoel Anderson y siempre pensé que era un tipo normal. Quiero decir, quizás tu eres alguien importante, o mejor dicho, crees serlo, si eres un artísta o un famoso, pero me refiero a que era un ser humano normal.
Ahora pensarás, ¿y qué eres?
Antes de que hagas conjeturas deja que te cuente.
Me asombra ver que te escribo como si nada. Como si todo lo que he vivido hasta ahora hubiese sido un mal sueño y aunque pensé que así era, fue real y es real.
Empezaré dicéndote que desde el principio de la humanidad el ser humano siempre se ha preguntado de donde viene, pero creo que lo que más nos inquieta es, ¿cuál es la razón de nuestra existencia? ¿Quién nos creó? si eso fuese así, o, ¿qué hacemos aquí?
Antes de que existiésemos ,exitieron los dinosaurios sobre este planeta, y a esos no sé quien los creó pero al ser humano sí...Y aquí empieza todo.
En este libro, esta historia que debo titular:

 

YO

 

Todo comenzó hace ya 5 años.

No sé si para mi suerte lo recuerdo todo bien pero supongo que sí para que de este modo tu puedas imaginártelo perfectamente.
De seguro no creeás nada de todo esto o quizás sí.
Pero seguro que te hará pensar.

Era un día normal. Un día precioso la verdad, tan hermoso como el día de hoy. Pero en aquella ocasión era un día normal.

Salía de mi trabajo. Yo era, (me hace gracia decir, era), conductor de metro. Salía de mi turno habitual y me dirigía a casa entre miles de personas que hacían sus vidas cotidianas ajenas a mi existencia como yo de las suyas.
Si hubiese sabido que todo aquello era algo mío.
Vaya, ya te he confundido, ¿verdad?, perdona, es la primera vez que  me pongo a escribir, creo.

No te preocupes, te aseguro que te crearé mayor incertidumbre más adelante y espero que ello haga que mi historia, TU historia, te motive a seguir leyéndola.

Como iba contando. Salí del trabajo e iba hacia casa. Yo era un hombre sencillo y humilde. Tenía un piso, un coche, amigos, familia, pero sin pareja. La única compañía que tenía era mi gatita, Nia.

Llegué a la hora de siempre más o menos y saludé a mi gata y miré que tuviese comida, agua y arena límpia. Tomé un ducha y después me tumbé en el sofá y puse la televisión.
Era la hora de las noticias.
Emitían una sobre unos jóvenes no mayores de 20 años que había violado y asesinado tras torturarla, a una chica de 18.
No voy a contarte el modo pero era algo increíble y repugnante que no logro aún olvidar.
No pude evitar decir que ojalá el mundo se fuese a la mierda. Que estaba harto de ver como nos matamos, nos odiamos, nos envidiamos, la codícia, lujuria..en fin, que todo desapareciese de una maldita vez.
Una sensación que he tenido desde que era un niño. Como si yo no formase parte de este sistema de cosas y todo me resultase aburrido y tuviese que verme obligado a unirme para encajar. Y un vacio enorme que sólo podía llenar el AMOR.
Tumbado en el sofá me quedé dormido junto a Nia a mis pies. No fue más de media hora.
Desperté y el canal de la tele estaba fuera de sintonía con sus típicos puntitos blancos y negros y ese sondio que parece el siseo de una serpiente.
No hice mayor caso y la apagué. Nia no estaba y tampoco presté importancia, quizás estuviese en otra habitación del piso.
De este modo decidí bajar a por algo de comer, bueno mas bien de picar para ver una película después.

Y ahí fue cuando comienza algo que te enganchará y creéme, este podría ser un libro más de ciencia ficción, pero no lo es.

La calle estaba vacía. No había nadie. Ningún sonido, ruido tampoco.Por delante de mi calle pasa una carretera y los coches estaban parados pero vacios. Parecía que toda la gente hubiese desaparecido como yo deseé.
Los comercios estaban abiertos pero dentro no había nadie.
caminé durante varios minutos llamando a la nada: "¿hola?" "hola...¿alguien me oye?
Pero nada.

 

Salieron de la casa, Dean poseía un precioso coche deportivo rojo, un Ferrari nada menos. Su padre era el jefe de policía y tenía dinero para su querido hijo, capitán del equipo de fútbol. El apuesto chico la llevó a cenar a un lujoso restaurante de la bahía que quedaba a muchos kilómetros del pueblo donde vivían. Cenaron, y charlaron largo y tendido. Dafne le contó la muerte de sus padres, el calvario que fue el colegio para ella, su soledad y tristeza, y su ilusión actual, puesto que tenía frente a ella al chico que le había gustado desde el primer curso del instituto y a quien jamás se atrevió a confesarle lo que sentía. Dean también le habló de su patético pasado, cada palabra que salía de su boca eran mentiras de una historia irreal y no pretendía sino darle lástima para poder llevar así su plan a cabo. Tras la cena, de momento mágica e inolvidable para Dafne, Dean la llevó a las cercanías de la playa. Bajo un luna llena hermosísima y un mar calmado. Era un momento precioso, romántico como ella misma era, un sueño hecho realidad para la tímida e ingenua muchacha.

 

  -No hay nada aquí en esta noche tan hermosa como tú Dafne. Ni el mar y su calma ni la luna y su luz, mis ojos no ven más allá de ti.

 

  La joven se ilusionó con tal hermosas pero falsas palabras y aprovechando el momento aquél asmodeo ruin la besó y ella en ese instante que tanto había esperado lloró de alegría mientras era besada por su amor. Pero no fue sólo un beso.

El demonio hermoso siguió su principio, sus manos de serpiente empezaron a recorrerla y ella lo notó. Suavemente detenía el avance escabroso de aquellas manos obscenas, pero él insistía. Cada vez ejercía más fuerza sobre ella. Dafne recordó en un segundo las palabras de su protectora, su abuela acertó y ella ahora lloraba de impotencia. Se sentía una completa idiota, siempre en su mundo de fantasías, había ignorado los sabios consejos de quienes la querían. Dafne hizo acople de toda su fuerza y logró separarse de él, quien intentó de nuevo hacerse con ella, mas Dafne era más fuerte de lo que él creía, así que aquel bello lucifer la golpeó y ella cayó al suelo desde el capó de aquel carro del infierno. Él se puso sobre ella y le rompió aquel precioso vestido que su abuela con tanto cariño le había tejido para aquella ocasión tan especial. Dafne gritó pidiendo auxilio con todas sus fuerzas pero su voz se perdía en el susurro del mar. Entonces el acosador se retiró al ver que su presa no era tan sencilla, y sin saber por qué, quien sabe, el destino que quizás estaba por una vez del lado de Dafne, depuso su acción. Se levantó, la miró con arrogancia y diciendo que había perdido una apuesta se metió en el coche y se marchó. Y allí quedó ella sola, sobre el frío y húmedo suelo, llorando de rabia. Fue entonces cuando se prometió a sí misma no confiar nunca más en ningún chico.

 

  Después cogió el móvil y llamó a sus abuelos para que fueran a recogerla en aquella lejanía de tristeza. Aquella noche al llegar al único lugar donde todos nos sentimos en paz, su cama, lloraba desconsolada y decepcionada, mientras escuchaba aquella lúgubre música de sus grupos favoritos.

 

  Desde aquel día, Dafne se aisló por completo del mundo que la rodeaba. Poco a poco dejó de salir con sus amigas y cada vez pasaba más horas encerrada en su habitación, su santuario. Desde allí intentaba una y otra vez contactar con los muertos, hablar con sus padres. Invertía día y noche en estudiar los fenómenos paranormales y también trataba de encontrar algún tipo de sentido a su  pobre existencia, mas no lo encontraba. Sus abuelos estaban muy preocupados, pues hasta la relación entre ellos se había deteriorado. Por más que intentaban hablar con ella, era imposible. Siempre acababa llorando y furiosa.

 

  Era el verano anterior a que comenzara la universidad, y una vez más, volvía a estar sola, sin amigos. No confiaba en nadie, ni siquiera en ella misma. Al menos seguía su sueño, ser psicóloga y pese a haber sufrido tanto en su todavía corta vida, seguía persiguiendo con afán todas y cada una de sus metas. A menudo solía preguntarse por qué no se rendía: “¿Cómo es posible que aún sea capaz de sacar fuerzas para seguir adelante?”.

 

  Cuando comenzó la universidad, a finales de septiembre, todo empezó a ir un poco mejor. Era una buena estudiante y le apasionaba lo que estaba estudiando y los profesores se dieron enseguida cuenta de ello, lo que hizo que Dafne congeniara muy bien con todos; en especial con el profesor de Historia de la Psicología, Ciaran. De hecho, al acabar las clases por las tarde, Dafne solía ir al despacho de este a hablar. Al principio sólo hablaban de temas meramente académicos pero luego Ciaran quien la veía como una joven brillante de buen corazón e intrigantes cuestiones empezó a profundizar más en su confianza. Este la invitaba a conversar de cualquier otro asunto tomando un café. Le encantaba oírla hablar, aunque Dafne hablaba poco, tímidamente y con la cabeza agachada. Y es que eran tantos los golpes que había recibido ya que tenía miedo hasta de hablar. Pero Ciaran siempre estaba dispuesto a animarla y ayudarla aun no sabiendo de la trágica vida de esta y le encantaba ver florecer a aquella chica, darle fuerzas y autoestima y ella lo agradecía. Así, entre clases, charlas y café, pasó el primer curso de la universidad, y Dafne se dio cuenta de que aquel joven, su profesor, era su primer amigo de verdad.

 

  En varias ocasiones él la invitaba a que fuesen juntos a cenar pues pasaban los años y la confianza que tenían mutuamente iba aumentando a la velocidad de la luz. Aún así, Dafne siempre rechazaba esas invitaciones y Ciaran nunca comprendió el porqué de las negativas a la cita por parte de su brillante alumna. El inconveniente no era que fueran profesor y estudiante, y tampoco suponía un problema la diferencia de edad entre ellos, pues Ciaran tenía 30 y Dafne 20. Pero aquel pánico inolvidable aún seguía allí, como un puñal clavado hondamente en el fondo de Dafne. Sobre todo sentía impotencia, rabia; pues pese a haber denunciado a Dean por acoso, éste había salido impune a tenor de tratarse del hijo del jefe de policía. Cierto era que confiaba en Ciaran, pero la herida aún estaba abierta, e incluso sangraba cuando los chicos de la universidad se fijaban en ella y la silbaban por los pasillos. Y mucho más cuando muchos la pedían para salir. Esto, que en el fondo y gracias a la inestimable ayuda de Ciaran lograba por momentos aumentar su autoestima, no hacía sino recordarla una y otra vez aquella maldita noche en la playa. Pero Ciaran no desistía, y seguía tratando de subir sus ánimos arguyendo tales hechos.

 

  -¿No lo ves Dafne? Los chicos te miran y les gustas. Pensarás que muchos solo van a lo que van pero otros tantos querrán de corazón conocerte, no puedes negar a todo el mundo. ¿Por qué no les da una oportunidad? Quién sabe, quizás alguno de ellos sea la persona que esperas.

  -No creo que vaya a encontrar a esa persona, ni que exista.

  -Mira Dafne, no te voy a pedir que me cuentes tu pasado. Intuyo y creo que con  razón tuviste alguna mala experiencia con un chico, pero eso no significa que todos sean como él. Sé que es difícil confiar en la gente en estos tiempos, pero mírame, aquí estoy yo, a tu lado. Me conoces mejor que muchos, sabes como soy y confías en mí, ¿verdad?

 

Ella asintió tímidamente con la cabeza sin decir nada ni mirarle.

 

  -Entonces del mismo modo puedes conocer más gente, y volver a confiar. Vuelve al mundo Dafne, ve poco a poco, empieza por amigas, chicas, aquí hay muchas chicas de tu estilo, y seguro que tendréis mil cosas en común, una misma ideología, un proyecto de vida similar. Aunque pienses que no te entienden ni siquiera les has dado una oportunidad. Eres una buena chica y pronto mucha gente se acercará a ti porque personas como tú es lo que hace falta en este mundo, y lo que la gente busca. Anímate, estoy  seguro que encontrarás a alguien que te quiera como lo hago yo. Y cuando ese día llegue, nada habrá que os impida estar juntos, y así serás feliz, créeme.

 

  Esas fueron las últimas palabras que Dafne escuchó de Ciaran antes de que lo trasladaran a una universidad de otra ciudad. Una vez más el destino fue cruel, no se pudo despedir de él pues pensaba que cuando pasara el verano él volvería a dar clases como siempre. De todos modos siguieron en contacto, y solían hablar por teléfono a menudo. Ciaran la animaba desde la distancia, le daba fuerzas para que no decayese e incluso le dijo que si algún día necesitaba de su ayuda, él no dudaría un instante en ir a verla pues tan sólo estaban a unas cinco horas de distancia.

  Siguió el consejo de su querido profesor y amigo y un día en clase se acercó a unas chicas góticas con quienes pensó podría tener ideas o al menos gustos en común.

 

  -Hola, soy Dafne, aunque supongo que ya conoceréis mi nombre puesto que vamos juntas a clase.

  -¡Sí! Cómo no íbamos a conocerte. Mi nombre es Idae y ésta es Iris.

  -Vaya, no pensé que os hubierais percatado de mi presencia en clase.

  -¡Cómo no íbamos a hacerlo! Si eres la mejor alumna de esta promoción. Además nos encanta cómo vistes. Sabes sacar partido a tu físico.

  -Pues la verdad es que no me preocupo demasiado por él.

  -Puede ser, pero es lo que tiene ser guapa. Y tú lo eres mucho.

  -Gracias.

  -Llevábamos tiempo queriendo invitarte a salir con nosotras, pero siempre pareces triste, distante. Por eso nunca nos hemos atrevido a hablarte.

  - Me imagino, pero sólo es culpa mía, siempre oculta y alejada de la gente.

-Pues eso va a cambiar. -las dos la miraron y la sonrienron.

 

  Pasaron los meses y tras profundizar en sus nuevas amigas llegó a sentirse por fin apreciada. De este modo un fin de semana Dafne fue con ellas al Lost World, un bar heavy del casco viejo de la ciudad. Allí le presentaron a muchísima gente de su estilo y los chicos no dejaban de acercarse a ella. Se sentía querida y deseada en cierto modo. Aunque su desconfianza aún seguía en su corazón. Sus nuevas amigas Idae, morena de ojos verdes y grandes e Iris,  rubia de pelo corto y ojos color miel, le enseñaron la zona, los bares y tiendas de su estilo. La admiraban mucho y les caía genial. Reparó en un chico de larga melena negra y ojos azules, vestía de negro con una larga gabardina. Su nombre era Azael y lo más curioso era que hablaba de vos, de una manera del castellano antiguo la cual le hacía gracia a Dafne pero la encantaba.

 

  -Decidme, mi lady, ¿de dónde sois?, pues nunca os había visto por estos lares.

  -La verdad es que estaba fuera de este mundo, por ello no me has visto nunca.

  -Si es así me alegro de que volvieseis a él. Con tal belleza sería una crueldad   para este mundo no disfrutar de vos.

  -Qué cosas dices...Exageras, pero agradezco el cumplido. -sonrió ella.

 

  Idae e Iris le fueron presentando a mucha gente más, cada cual más simpática. Por fin tenía amigos y amigas, y se olvidaba del pasado. Ciaran estaba en lo cierto. Esa tarde Azael propuso a la gente ir a Armilton, un antiguo castillo abandonado a las afueras de la ciudad. Sus amigas la invitaron a que fuese y así conociese más a Azael del cual hablaban maravillas, aunque Dafne recordaba a Dean, pero era verdad que el chico de melena oscura le atraía. Montaron en varios coches y ella junto con Idae e Iris fueron en el de él. Por el camino Azael puso música de rock gótico, por supuesto aceptó a poner un tema que le pidió Dafne, “Memories” de una de sus bandas favoritas, Within temptation y de la cuál cantaba varios temas con una mímica asombrosa, pues Daf tenía una voz preciosa y mal aprovechada.

 

  -¿Por qué te gusta tanto esta canción, Dafne? -preguntó el joven.

  -Me recuerda a mis padres, siempre están conmigo...vaya a donde vaya los recuerdos los mantienen cerca y vivos.

  -Entiendo...No sabía nada. Lo siento

  -Gracias. Está bien, tranquilo.

 

 

 

  No tardaron mucho en llegar, apenas 40 minutos. Durante el trayecto Dafne disfrutaba mirando por la ventanilla del coche. Un lugar precioso ladeando el mar. Estaba viviendo. Era parte de un algo, era una más.

  El castillo se alzaba a lo alto de una colina. Estaba muy bien cuidado y tenía fácil acceso para el público. La gente llevaba bebidas y como no quedaba muy lejos de donde aparcaban los coches dejaban la música encendida para poder escucharla. La gente fue haciendo grupos y Azael se acercó a Dafne.

 

  -¿Te apetece dar un paseo por la zona?

  -Bueno es que...-no sabía que contestar pues, si bien ardía en deseos de conocer a ese apuesto muchacho, el negro recuerdo de aquella noche en la playa no abandonaba su cabeza.

  -Tranquila no pasa nada.-se percató el joven de que ella se retraía hacia la propuesta y se disponía a irse.

 

  Idae e Iris sabían de lo ocurrido en el pasado con aquel bastardo de Dean, así que Idae se acercó al oído de Dafne y le susurro que estuviese tranquila, que aquél ser asqueroso era una especie que por desgracia se cruzó con ella y que ni por asomo Azael era como Dean. Entonces Dafne que deseaba la compañía de aquél joven  se levantó del suelo donde se encontraba bebiendo y cogió la mano del supuesto ángel.

 

  Pasearon plácidamente bajo el manto de las estrellas y la calma de la luna llena. El joven la hablaba de las constelaciones que conocía y de cómo veía el mundo. Ella estaba fascinada, él era amable y gentil, y su forma de hablar era digna de un caballero de un tiempo ya olvidado. Aquel chico le gustaba y ella se sentía tranquila. Entonces, hubo un momento en que él fue a besarla pero no quiso hacerlo, solo hizo un amago, acercándose a sus labios, muy cerca, y dijo:

  -Gracias por confiar en mí en este mundo lleno de temor y suspicacia.

De pronto la chica desconocida escuchó algo en el piso de arriba. Parecían pisadas. Pero los oyó con su nuevo y agudizado oído.

-¿Qué es ese ruido? -preguntó mirando hacia las escaleras.

-No he oído, ni oigo nada. -respondió la joven posadera mirándola extrañada.

La  chica subió con curiosidad hacia el piso superior.

No vio nada en el largo pasillo, pero escuchó de nuevo los pasos que venían de su habitación. Meira la alcanzó y la agarró del brazo con miedo.

-¿Qué es? ¿Oyes algo?

-¡!Chiss!! Oigo pasos en mi habitación.

-Deberíamos esperar a mi padre o avisar a la policía.

-No podemos sin saber que es antes.

-Vale, pero espera ahora vuelvo.

Meira bajó y enseguida volvió con un enorme cuchillo de cocina.

-Ala, vamos.

Ambas caminaron hasta la puerta de la habitación.

-Vale. Voy a abrir poco a poco. -dijo Meira.

Abrió suavemente sin apenas meter ruido hasta abrir la puerta del todo. No había nadie en la habitación. Pero la chica entró como si de un animal se tratase mirando en todas direcciones acompañando con su cabeza los sonidos que con sus orejas captaba.

Se detuvo en la ventana. Inmóvil frunciendo el ceño, prestando atención al ruido. Corrió las cortinas con brusquedad pero fuera no había nada. Sólo sobre techo y la calle. Se dio la vuelta para decir que no había nada y en ese preciso instante antes de que pudiese mediar palabra un enorme lobo de pelo gris como el humo entró rompiendo los cristales. La joven cayó sobre la cama y Meira corrió hacia ella pero la bestia saltó por encima de la cama cortándole en pasó y esta cayó de espaldas asustada soltando el cuchillo sin querer.

La joven sin nombre, ahora podía ver el lomo del lobo que se giró hacia ella poniendo sus enormes fauces frente a su rostro.

La joven retrocedió levantándose de la cama y quedando atrapada contra la ventana rota. El enorme animal subió por la cama y está sé rompió por el peso del enorme lobo que avanzó majestuoso hacia ella.

Meira seguía inmóvil y aterrada.

La criatura tenía contra la ventana a la muchacha. Acercó su hocico a la cara de la chica y la olisqueó. Retiró su morro y la miró con sus enormes ojos azules cuál cielo que llamaron la atención de la joven.

-Hola, Yara.

La bestia le habló sin articular palabra. Escuchó en su cabeza las palabras del monstruo y de la impresión cayó de rodillas ante el animal.

-Ven conmigo Yara. Te será más fácil aceptar lo que eres.

Unas imágenes brotaron en la memoria de Yara. Vio a un hombre de ojos verdes y melena roja como el fuego que gritaba su nombre mientras otros lo sujetaban. "¡No os la llevéis!" gritaba, y se vio así misma de niña.

Se llevó las manos a la cabeza. Le empezó a doler.

Meira hizo acople de valor, agarró el cuchillo y se abalanzó contra aquella cosa clavándoselo en un costado. El enorme lobo soltó un alarido de dolor y se giró hacia su atacante golpeándola con su zarpa izquierda, lanzándola contra una pared.

Yara agarró de la cola al animal y con una fuerza sobre humana lo lanzó contra la pared de su izquierda. La bestia quedó aturdida, agitó su cabeza y soltó un gran rugido de amenaza. Miró a Yara y corriendo hacia ella está se agachó saltando así por la ventana y desapareciendo sobre los tejados aun siendo de día.

Yara volvió hacia Meira quien estaba inconsciente en el suelo sosteniendo con fuerza el cuchillo.

-¡¡Meira!! ¡¡Meira!!. -la joven golpeaba las mejillas de su amiga que no respondía.

Al cabo de un minuto la chica tosió y volvió en si.

-¿Se ha ido? -preguntó aturdida.

-Si, tranquila. Te llevaré abajo.

-Parecía como si te estuviese hablando y lo entendieses.

-¿No le oías?

-No. ¿Tú si?

-Me conocía. Me ha llamado Yara y creo haber tenido una visión. Y sonará extraño pero es como si conociese a esa bestia.

 

Yara cogió en brazos a Meira como si no pesase nada aun siendo delgada y la bajó al piso principal ante el asombro de su amiga.

 

Joe rebuscaba en la sección de esoterismo y fantasía. El bibliotecario se había reído cuando este le preguntó sobre hombres lobo totalmente serio. No obstante Joe ya tenia una edad como para que le importasen los comentarios o gestos de los demás.

Encontró un viejo libro. Realmente viejo. Con tapas de piel negra descorchada y rotas. Las hojas eran de un papel suave, como los de las biblias y escrito a mano con una caligrafía preciosa. Tenía ilustraciones de lobos pero todas eran distintas. Lobos, hombres con forma de lobos...muy bien dibujados.

No dudó ni tan siquiera en cogerlo, ni buscó ningún otro. Sin saber porque, ese libro resolvería sus dudas. Miró a la pila de los demás libros que había amontonado sobre la mesa, miró al de su mano, que era de muchísimas más páginas que ningún otro y que parecía ser el más serio de todos ellos y se marchó.

El bibliotecario le dijo que ese libro debió dejarlo alguien ajeno a la biblioteca en las baldas porque no figuraba en el inventario ni en el archivo por lo que Joe podía llevárselo sin pegas y sin preocuparse en devolverlo.

 

Caminaba feliz de vuelta al mesón cuando tropezó con Jessi Valace. Emperifollada como siempre y con un ridículo sombrero de plumas.

-Buenos días Joe. ¿Qué tal la desconocida? Pobre chica, espero que esté bien. ¿Ya sabe el alcalde de su llegada?

-Buenos días, Señora Valace. Todo va muy bien. La joven estuvo en reposo y esta mañana estaba mejor. En cuando sea posible yo mismo hablaré con el señor alcalde y le contaré los hechos con sumo gusto y con la joven presente.

-Muy bien Joe. Eso es lo que un buen ciudadano debe hacer. -dijo con su típico tono despectivo, clasista y arrogante.

-Si señora. -respondió sin ganas Joe y con un gesto de su gorro se despidió. -Buenas tardes tengáis.

La mujer soltó un resoplido y marchó.

Cuando ya iba a entrar al mesón por aquella doble puerta de roble Mike lo saludó.

-Ey Joe, buenos días querido amigo.

-Mike. Que grata sorpresa. Buenos días. ¿Vienes a ver a la chica?

Mike pese a ser un fornido hombre, ataviado siempre como un rudo leñador, se ruborizó por un instante y agachó la cabeza.

-Jajaja, eres increíble amigo mío. Podrías matar a un oso con tus brazos o incluso pelear con valor ante cualquier rufián y ahora te sonrojas por una joven. Anda pasa, esta dentro.

-Gracias Joe. Llevo todo el día pensando en ella. ¿Está bien?

-Bueno...sí. Pregúntaselo tu mismo.

Joe le dio una palmada en la robusta espalda de Mike y ambos entraron.

Meira estaba sentada en una mesa sosteniendo una bolsa con hielo sobre su cabeza mientras Yara la consolaba.

-Señor, ¿Qué ha pasado?

Mike guardo el saludo ante tal escena y sus ojos se posaron en Yara con su precioso vestido turquesa y ahora su precioso pelo negro recogido en una larga cola de caballo.

La joven olió el perfume del fornido hombre y le gustó. Se levantó y fue hacia él. Y como si de un animal se tratarse lo olisqueo de cerca. Su cuello, su pecho...…

Mike ante su comportamiento sonrió.

-¿Hola?..¿Te gusta mi perfume?

La joven volvió en si como si hubiese sido inconsciente de lo que hacia y se dio cuenta de ello.

-Ohh...perdona, lo siento. No sé que me ha pasado.

-Tranquila. Soy Mike. -el hombre extendió su mano.

-Yara. -apretó la mano sin darse cuenta de su nueva fuerza y este lo notó.

-Guau, vaya fuerza. Eso es un apretón de manos. Si señor. -sonrió mientras se agarraba la dolorida mano.  -¿Por cierto q ha pasado? - miró a Meira quien estaba siendo atendida por su padre.

-Nada...me he dado un golpe con un armario.

Yara comprendió lo que su amiga intentaba hacer y su padre también.

-Esto...Mike, discúlpanos pero debes irte.

-¿Y eso? Si acabo de llegar. -preguntó el grandullón.

-Tenemos mucho que hacer para la cocina y demás. Vamos muy atrasados. Vuelve a la noche amigo mío y todos juntos tomamos algo a puertas cerradas. -guiñó el ojo a su amigo mientras lo acompañaba poco a poco hacia la puerta.

-Genial. Os veo esta noche. Hasta luego Yara, ha sido todo un placer. -Dijo Mike sosteniendo la mirada un instante sobre la chica antes de salir.

-Lo mismo... -acabo la frase cuando él ya marchó. -...digo.

-A ver chicas. ¿Qué demonios ha pasado? -preguntó mirando a ambas.

-Sientate. No lo vas a creer.

Joe tomó asiento y Meira le contó lo ocurrido.

-¡Dios santo! ¿Y se marchó sin más? -Joe estaba extrañado al saber que la bestia marchó sin matarlas.

-Si, pero temo que vuelva, venía a por mi. No estáis seguros aquí. Me iré ahora mismo.

-¿Pero que dices? ¿A dónde iras? Aquí estás bien. Podemos protegerte. -dijo Joe.

-No Joe. No podéis. Es peligroso. Mira que le ha hecho a Meira. Marcharé hacia casa de mi tía. Además, yo misma puedo ser un peligro. Ya no soy humana.

-Está bien, tienes razón..-El hombre se calmó- ¿Así que Yara? Bonito nombre. Lo entiendo y no puedo impedir que te vayas. Pero llévate este libro. Es el único de toda la biblioteca que creo que merece la pena.

Joe le entregó el libro y Yara lo observó atentamente.

-Es enorme. -lo puso sobre la mesa y empezó a mirarlo.

Leyó algunas cosas sueltas al azar que le llamaron la atención:

"Un hombre lobo puede transformarse a su voluntad si pertenece a una línea de sangre pura. Se comunican entre ellos mediante telepatía y viven en grupos liderados por un macho alfa y una hembra alfa".